En México, el 15 de mayo se conmemora el Día del Maestro, una fecha instaurada en 1917 por el entonces presidente Venustiano Carranza para reconocer la labor de quienes dedican su vida a la enseñanza.
Más de un siglo después, la celebración ocurre en un contexto complejo para el magisterio nacional. Además de enfrentar retos educativos y sociales, miles de docentes reportan un deterioro en el respeto hacia su figura y un aumento en la violencia dentro y fuera de las aulas.
Durante décadas, el maestro fue considerado una autoridad incuestionable tanto en la escuela como en la comunidad; regaños, reportes de conducta o bajas calificaciones eran entendidos como parte de la formación de niñas, niños y adolescentes, generalmente respaldados por las familias.
Sin embargo, docentes advierten que esa percepción ha cambiado de manera significativa en los últimos años. Actualmente, muchos profesores afirman desempeñar su labor bajo un clima de tensión e incertidumbre, donde cualquier medida disciplinaria puede derivar en confrontaciones con padres de familia, campañas de desprestigio en redes sociales o incluso denuncias formales.
La situación ha generado temor entre algunos maestros para ejercer autoridad dentro del aula; datos de la Encuesta Nacional de Violencia hacia los Maestros 2024, elaborada por organizaciones civiles como Educación con Rumbo, señalan que 4 de cada 10 docentes en México han sufrido algún tipo de agresión por parte de alumnos o padres de familia.
Entre los casos reportados, 60 % corresponde a insultos y burlas, 30 % a humillaciones y 10 % a agresiones físicas.
El estudio también revela que la problemática es visible para los propios estudiantes: 5 de cada 10 han presenciado faltas de respeto hacia sus profesores y alrededor de 35 % ha sido testigo de conflictos entre padres de familia y personal docente.
Por su parte, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación reportó más de 500 quejas relacionadas con agresiones hasta septiembre de 2025, principalmente derivadas de inconformidades por calificaciones, reportes de conducta o medidas disciplinarias.
En algunos casos, la violencia ha escalado a hechos extremos. En los últimos años se han registrado agresiones físicas, amenazas con armas e incluso homicidios de docentes presuntamente vinculados con conflictos escolares.
Casos ocurridos en Michoacán y Oaxaca encendieron alertas sobre el nivel de vulnerabilidad que enfrentan algunos profesores, especialmente en secundaria y bachillerato.
Este fenómeno se atribuye a diversos factores, entre los que destacan cambios culturales y familiares que han modificado la relación entre padres, alumnos y maestros. Algunos docentes consideran que hay una tendencia creciente a desautorizar al profesor frente a los hijos y a concebir la educación como un servicio donde el maestro debe responder a exigencias inmediatas de los padres.
A ello se suma el impacto de las redes sociales y las nuevas tecnologías, que facilitan la difusión de videos, acusaciones o confrontaciones que rápidamente se viralizan y amplifican los conflictos escolares. El ciberacoso contra maestros se ha convertido en una preocupación recurrente dentro del sector educativo.
El contexto social también influye en problemas de violencia familiar, afectaciones a la salud mental y la normalización de conductas agresivas terminan reflejándose en las aulas.
Además, algunos especialistas consideran que ciertas reformas educativas han priorizado la protección de derechos estudiantiles y la evaluación docente, sin generar mecanismos suficientes de respaldo institucional para los profesores.
Pese a ello, docentes y organizaciones coinciden en que no existe una pérdida total del respeto hacia el magisterio, en muchas escuelas persisten ambientes de convivencia positiva y colaboración entre familias y profesores; sin embargo, advierten que el fenómeno ha alcanzado dimensiones preocupantes y requiere atención urgente.