Del tianguis a las redes: así evoluciona la piratería

Del tianguis a las redes: así evoluciona la piratería

Foto: Magnific, Enfoque

En el Día Mundial contra la Falsificación y la Piratería, la venta de productos y contenidos ilegales sigue siendo una realidad en Puebla y en todo México.

 

Sin embargo, el fenómeno ha cambiado de rostro: aunque mercados tradicionales como La Cuchilla y La Fayuca continúan siendo señalados como puntos de venta de mercancía apócrifa, una parte importante de la actividad se ha trasladado al entorno digital mediante redes sociales, aplicaciones de mensajería y servicios clandestinos de televisión por internet.

 

Durante años, la imagen más representativa de la piratería estuvo asociada a puestos ambulantes repletos de discos, películas y software copiado y, aunque ese modelo persiste, las autoridades reconocen que el problema se ha diversificado.

 

De acuerdo con reportes del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), mercados como La Cuchilla continúan figurando entre los principales focos de comercialización de productos falsificados en el país. En este sitio se venden artículos que van desde ropa y calzado hasta electrónicos, cosméticos y accesorios que infringen derechos de propiedad intelectual.

 

A pocos meses del Mundial de Futbol 2026, la fiebre futbolera también ha impulsado la venta de playeras no oficiales de la Selección Mexicana en calles y corredores comerciales del Centro Histórico, generando competencia para el comercio formal y alertas por posibles violaciones a marcas registradas.

 

Más allá de los mercados tradicionales, el crecimiento de internet ha transformado radicalmente las formas de distribución de contenido ilegal.

 

Actualmente, una gran parte de la piratería opera a través de grupos de WhatsApp y Telegram que comparten películas, series y eventos deportivos sin autorización; páginas de Facebook y marketplaces donde se ofrecen accesos económicos a plataformas de entretenimiento, así como servicios clandestinos de IPTV que prometen miles de canales y contenidos premium por una fracción del costo de los servicios legales.

 

Especialistas advierten que esta modalidad resulta más difícil de detectar y combatir, ya que opera de manera descentralizada y con herramientas tecnológicas que facilitan la rápida difusión de contenido protegido por derechos de autor.

 

Además, el uso de plataformas ilegales representa riesgos para los consumidores, quienes pueden exponerse a malware, robo de información personal, fraudes electrónicos y ataques de phishing.

 

La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo estima que el consumo de productos pirata en México genera un impacto económico superior a los 63,000 millones de pesos anuales, además de afectar más de 70,000 empleos formales.

 

El fenómeno también repercute en la recaudación fiscal, reduce incentivos para la inversión y afecta a sectores creativos como la música, el cine, el deporte y el desarrollo tecnológico.

 

Autoridades federales han señalado además que algunas redes dedicadas a la falsificación y distribución ilegal de mercancías pueden estar vinculadas con actividades de delincuencia organizada.

 

La piratería no ha desaparecido, simplemente se ha vuelto híbrida. Mientras los operativos tradicionales continúan en mercados y calles, el combate al problema requiere nuevas herramientas legales, tecnológicas y educativas.

 

En Puebla y en el resto del país, el Día Mundial contra la Falsificación y la Piratería sirve como recordatorio de que el consumo de productos y servicios ilegales tiene consecuencias que van más allá del ahorro inmediato, afectando al empleo formal, la economía y la seguridad digital de los usuarios.

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