Acoso callejero: entre la normalización social y la falta de denuncias

Acoso callejero: entre la normalización social y la falta de denuncias

Foto: IA

El reciente testimonio de una usuaria de redes sociales que denunció haber sido víctima de acoso callejero en el Centro Histórico de Puebla, puso en evidencia una problemática que miles de mujeres enfrentan diariamente en espacios públicos de la capital poblana y del país.

 

Lejos de tratarse de hechos aislados, organismos defensores de derechos humanos advierten que el acoso callejero es una forma de violencia de género que afecta la seguridad, la movilidad y la calidad de vida de quienes la padecen, obligándolas en muchos casos a modificar sus rutinas, rutas y horarios por temor a ser agredidas.

 

@lunadekusto

Neta CUIDADO con este señor, desconozco si su discapacidad sea o no verdad, pero claro que sabe lo que hace. Quité su mano en repetidas ocasiones y cada vez me agarraba más fuerte, hasta que pellizco mis dedos. Cuando llegamos al comedor común que está sobre la 9 oriente y quería ya quitármelo se me acercó y comenzó a darme las gracias pero me jaló del cuello y empezó a besarme la mejilla, yo no pude soltarme porque me agarró con mucha fuerza. Incluso me empezó a decir que olía como si me acabara de bañar, el asco que me dió en ese momento no sé ni cómo describírselos, lamentablemente no pude quitarme sola, tiene mucha fuerza y no había nadie más en la calle. Mi error fue confiar en una persona por su discapacidad y dudar de lo que estaba sintiendo yo, pero les dejo su carota para que si lo ven NO LO AYUDEN. Menos si eres MUJER #puebla

♬ sonido original - Luna de Kustó

 

El acoso callejero comprende conductas verbales, físicas o gestuales de carácter sexual no consentidas que generan incomodidad, miedo, intimidación o vulnerabilidad en la víctima.

 

Entre ellas se encuentran los llamados “piropos” ofensivos, silbidos, miradas persistentes de connotación sexual, persecuciones, arrinconamientos, tocamientos, exhibicionismo e insinuaciones sexuales en espacios públicos.

 

De acuerdo con la CDH, estas acciones constituyen una forma de violencia de género que se ejerce en calles, plazas, mercados, parques o transporte público, sin que exista una relación previa entre agresor y víctima.

 

 

Además, el Código Penal del Estado de Puebla contempla el delito de acoso sexual en su artículo 278 Ter, que sanciona conductas verbales o físicas relacionadas con la sexualidad que coloquen a una persona en situación de riesgo o indefensión.

 

Datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI muestran que alrededor de 29 % de las mujeres en la ciudad de Puebla ha reportado haber sufrido algún tipo de acoso o violencia sexual en espacios públicos, una cifra que supera ampliamente la registrada entre hombres, que ronda el 11 %.

 

Entre 2018 y 2024 se documentaron más de 1,250 reportes de acoso en vía pública en la capital poblana, el Centro Histórico figura como una de las zonas con mayor incidencia, seguido de otras colonias y puntos de alta concentración de personas.

 

También se identifican como focos rojos lugares como Paseo Bravo, mercados, paraderos de transporte y unidades del sistema RUTA, donde mujeres y adolescentes reportan frecuentemente experiencias de hostigamiento.

 

 

Asimismo, registros de carpetas de investigación muestran que el delito de acoso sexual ha mantenido una tendencia al alza en los últimos años, con incrementos significativos que evidencian la persistencia de esta problemática.

 

Especialistas coinciden en que la normalización social del acoso es uno de los principales obstáculos para combatirlo. Durante décadas, conductas como los comentarios sobre el cuerpo de las mujeres o los silbidos fueron minimizadas bajo la idea de que eran simples “halagos” o parte de la cultura popular.

 

A ello se suman estereotipos de género que asocian estas prácticas con formas de demostrar interés o masculinidad, así como una educación que históricamente ha llevado a muchas mujeres a adaptarse al riesgo en lugar de cuestionar las conductas agresivas.

 

Como consecuencia, muchas víctimas optan por cambiar rutas, evitar salir solas, modificar horarios o utilizar medios de transporte más costosos para sentirse seguras, lo que limita su derecho al libre tránsito y al uso pleno de los espacios públicos.

 

A pesar de su frecuencia, el acoso callejero sigue siendo un delito poco denunciado, diversos diagnósticos locales señalan que apenas una de cada diez mujeres que sufre este tipo de agresiones presenta una denuncia formal.

 

 

Entre las principales razones están el miedo a represalias, la desconfianza hacia las autoridades, la minimización de los hechos y la percepción de que no habrá consecuencias para el agresor.

 

Un problema que también afecta a hombres

 

Aunque las mujeres son las principales afectadas, los hombres también pueden ser víctimas de acoso sexual en espacios públicos; sin embargo, las estadísticas muestran una incidencia considerablemente menor y con características distintas.

 

Las encuestas indican que los hombres suelen enfrentar principalmente acoso verbal o visual, mientras que las mujeres reportan con mayor frecuencia situaciones de intimidación física, persecución o contacto no consentido.

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