Además de las enormes ganancias para los países sedes de la Copa Mundial de la FIFA, el crimen organizado también podría aprovechar esta competencia internacional para el blanqueo de capitales, advierten especialistas en la materia.
El interés que generan los diferentes partidos y las apuestas que se generaron alrededor de estos son un contexto idóneo para que organizaciones criminales puedan lavar los recursos que obtienen a partir de sus negocios ilícitos.
De acuerdo con estimaciones de la Iniciativa Global contra el Crimen Organización Transnacional (GI-TOC, por sus siglas en inglés), el Mundial 2026 moverá cerca de 50.000 millones de dólares tan solo en el mercado de apuestas, que son 15.000 millones más que en el Mundial de Catar 2022.
Otras plataformas de predicción como Polymarket reportaron, previo a la justa mundialista, operaciones por más de 9.000 millones de dólares.
Si bien, en muchos casos, las plataformas de apuestas solicitan la verificación de la identidad, los grupos delincuenciales han encontrado la manera de burlar los filtros de seguridad (por ejemplo, con prestanombres) o se inclinan por el uso de aquellas que son mucho más discretas y se basan en el uso de criptomonedas.
Según un análisis de GI-TOC difundido por el diario mexicano El Financiero, en internet existen sitios de predicción que funcionan como intermediarios y que generalmente no piden identificarse. Las operaciones se realizan con criptomonedas y, una vez que se conoce el resultado, las ganancias se convierten en stablecoins, un activo digital vinculado al valor del dólar e intercambiable por cualquier divisa.
Estas ganancias pueden triangularse a diferentes cuentas con el fin de dificultar su rastreo, lo que complica aún más la identificación de operaciones de lavado de dinero, sobre todo en países como México, que no cuentan con una normativa que regule de forma específica plataformas de predicción.
El GI-TOC advierte que, a pesar de los controles, las casas de apuestas deportivas convencionales siguen siendo uno de los medios más usados para el lavado de dinero, especialmente aquellas que no cuentan con licencias de juego o que no cuentan con autorización para prestar servicios financieros.
Las organizaciones criminales también se valen de la ayuda de prestanombres para pasar desapercibidos, como fue el caso registrado en noviembre de 2025, cuando en México se congelaron las operaciones de 13 casinos de apuestas por vínculos con el narcotráfico.
Las autoridades sostienen que los criminales usaron a estudiantes, personas de escasos recursos o sin actividad económica formal para simular operaciones legítimas y, posteriormente, cobrar las ganancias a través de cheques.