Puebla reactivará la aplicación de la prohibición de entregar bolsas de plástico desechables y otros productos de un solo uso, como popotes y recipientes de unicel, en establecimientos comerciales.
Aunque el anuncio parece una nueva medida, en realidad la prohibición existe desde hace varios años, la reforma a la Ley para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos Sólidos Urbanos y de Manejo Especial del Estado de Puebla fue publicada en 2019 y estableció que, a partir de enero de 2020, quedaba prohibida la comercialización, distribución y entrega de bolsas de plástico desechables en los comercios.
Sin embargo, la norma prácticamente dejó de aplicarse; entre 2020 y 2022 casi no se registraron sanciones por incumplimiento, lo que permitió que numerosos establecimientos continuaran entregando y/o vendiendo bolsas de plástico supuestamente amigables con el ambiente, lo que representó un pingüe negocio “amparado” en cuidar el planeta.
Entre los factores que explican el incumplimiento destacan la falta de verificaciones sistemáticas, la resistencia de algunos sectores comerciales y de la industria del plástico, el aumento en el consumo de productos desechables durante la pandemia de COVID-19 y la limitada infraestructura para la gestión de residuos.
A pesar de la legislación vigente, hasta 2023 seguía siendo común que los comercios entregaran bolsas de plástico, mientras que diariamente se recolectaban entre 12 y 13 toneladas de este tipo de residuos.
¿Las bolsas “ecológicas” realmente ayudan?
Organizaciones ambientalistas advierten que no todas las alternativas comercializadas como “ecológicas” representan un beneficio para el medioambiente.
Las bolsas oxobiodegradables, por ejemplo, pueden fragmentarse con mayor rapidez, pero generan microplásticos y no desaparecen completamente; en tanto, muchas bolsas etiquetadas como biodegradables o compostables únicamente se degradan bajo condiciones específicas de compostaje industrial, por lo que en rellenos sanitarios terminan comportándose de manera similar al plástico convencional.
También hay cuestionamientos sobre las bolsas reutilizables fabricadas con plástico de mayor grosor, ya que estudios en otros países han mostrado que con frecuencia no se reutilizan el número de veces necesario para compensar su impacto ambiental.
Por ello, se considera que las opciones más sostenibles continúan siendo las bolsas de tela, yute u otros materiales duraderos, siempre que sean utilizadas de forma repetida durante varios años.
Las bolsas de plástico pueden tardar entre 100 y 400 años en degradarse, liberando microplásticos que contaminan suelos, cuerpos de agua y eventualmente ingresan a la cadena alimentaria.
No obstante, la prohibición por sí sola tendrá un impacto limitado si no va acompañada de una mayor regulación sobre la producción de plásticos, inversiones en infraestructura de reciclaje y programas de economía circular.