De los temidos hooligans a las alertas de viaje: así cambió la historia de los aficionados ingleses

De los temidos hooligans a las alertas de viaje: así cambió la historia de los aficionados ingleses

Foto: Internet

En el Mundial de México 1986, miles de aficionados ingleses llegaron al país con una de las peores reputaciones del futbol internacional, eran identificados como hooligans, grupos de seguidores violentos que durante las décadas de 1970 y 1980 protagonizaron disturbios dentro y fuera de los estadios, al grado de convertir a Inglaterra en sinónimo de violencia futbolística.

 

Cuarenta años después, el escenario es muy distinto; de cara al Mundial de 2026, es el gobierno del Reino Unido el que recomienda a sus ciudadanos extremar precauciones durante su estancia en México, ante riesgos relacionados con robos, bebidas adulteradas y delincuencia en algunas zonas del país.

 

¿Quiénes eran los hooligans?

 

El término hooligan comenzó a utilizarse en Londres a finales del siglo XIX para referirse a pandillas callejeras, pero adquirió fama mundial a partir de los años sesenta, cuando grupos organizados de aficionados ingleses comenzaron a utilizar la violencia como parte de la experiencia futbolística.

 

Estos grupos, conocidos como firms, planeaban enfrentamientos con barras rivales antes, durante o después de los partidos; la violencia se mezclaba con el consumo excesivo de alcohol, el nacionalismo extremo y, en algunos casos, expresiones de racismo.

 

Durante esa época, los hooligans viajaban por Inglaterra y Europa buscando confrontaciones, lo que llevó a que el fenómeno fuera conocido como la "enfermedad inglesa".

 

El punto más crítico llegó en la década de 1980, uno de los episodios más recordados ocurrió en 1985, durante la final de la Copa de Europa entre Liverpool y Juventus en el estadio Heysel, en Bélgica.

 

Los disturbios provocados por aficionados ingleses derivaron en el colapso de un muro, causando la muerte de 39 personas, en su mayoría seguidores italianos. Como consecuencia, los clubes ingleses fueron expulsados de las competiciones europeas durante cinco años.

 

Un año después, durante el Mundial de México 1986, también se registraron incidentes protagonizados por aficionados ingleses; en Monterrey hubo peleas en las calles y, en la Ciudad de México, se presentaron enfrentamientos con seguidores argentinos, reforzando la imagen de los hooligans como uno de los mayores problemas de seguridad en el futbol internacional.

 

Tras la tragedia de Heysel, el gobierno británico, encabezado entonces por Margaret Thatcher, impulsó una estrategia integral para combatir el hooliganismo.

 

Las autoridades endurecieron las leyes con sanciones específicas para quienes provocaran violencia en los estadios, lanzaran objetos, invadieran la cancha o incurrieran en actos racistas. También surgieron las Football Banning Orders, que permiten prohibir durante años el acceso a partidos e incluso obligar a aficionados considerados de riesgo a entregar su pasaporte cuando juega la selección inglesa en el extranjero.

 

Paralelamente, la policía fortaleció las labores de inteligencia mediante bases de datos, vigilancia con cámaras, infiltración en grupos violentos y cooperación internacional.

 

Tras la tragedia de Hillsborough en 1989, el Informe Taylor impulsó una transformación de los estadios ingleses, eliminando las gradas de pie, instalando asientos individuales y mejorando los controles de acceso y la seguridad.

 

A ello se sumaron restricciones al consumo de alcohol, programas comunitarios y una mayor coordinación entre autoridades, clubes y federaciones.

 

La combinación de legislación, vigilancia, modernización de los estadios y cambios sociales redujo de forma considerable la violencia asociada al fútbol inglés desde la década de 1990.

 

Aunque todavía se presentan incidentes aislados, el fenómeno ya no alcanza la magnitud que tuvo hace cuatro décadas y el modelo británico es considerado un referente internacional para el control de la violencia en los espectáculos deportivos.

 

El contraste con 1986 resulta evidente; hace 40 años, México recibía con preocupación a los aficionados ingleses por el historial de los hooligans; ahora, previo al Mundial de 2026, es el propio gobierno del Reino Unido el que pide a sus ciudadanos mantenerse alerta durante su estancia en México por riesgos de seguridad comunes para los visitantes.

 

La historia de los hooligans refleja cómo uno de los problemas más graves del futbol mundial logró contenerse mediante una combinación de políticas públicas, inteligencia policial y transformación de los estadios, cambiando por completo la imagen del aficionado inglés ante el mundo.

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