Este jueves 9 de julio se cerró el compromiso de AMLO con los entorchados de la Defensa Nacional.
El encarguito que en nombre del alto mando le hizo el entonces titular de la SEDENA se dio en una reunión para volver a tergiversar la realidad de los sucesos en Iguala la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014: la “desaparición” de los 43 estudiantes de la Normal ubicada en Ayotzinapa.
Fue durante un desayuno en Palacio Nacional, el 15 de agosto de 2022, al que asistieron el propio López Obrador, el entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto López; quien era ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, y Alejandro Encinas, a quien posteriormente defenestrarían como subsecretario de Derechos Humanos.
Aquella fue una reunión, repito, para volver a tergiversar la realidad, no obstante que AMLO había dicho desde su última campaña presidencial y repetido, una y otra y otra vez en sus matinés palaciegas, su compromiso de revelar la verdad de aquellos trágicos hechos.
Porque AMLO fue literalmente amenazado por el polémico general Luis Crescencio Sandoval: retiraría a sus tropas de todas las tareas que el de Macuspana le había encargado a la Defensa Nacional, la de la seguridad pública incluida, si las Fuerzas Armadas continuaban en el ojo del huracán por la ahora sí indudable participación de algunos de sus elementos, de todos los rangos, en el crimen organizado y en aquella salvaje noche de Iguala.
López Obrador cedió. Y su papel en la Historia es ya más oscuro que el de su antecesor Enrique Peña por las muchas presiones que recibía, según confesó entonces.
Rosario Piedra, en mala hora cabeza de lo que queda de la CNDH, fue la encargada de ponerle punto final al compromiso al exonerar a los elementos del Ejército señalados hasta de haber cremado algunos cuerpos.
El ejército ya debería cambiar el color de sus uniformes. Del verde olivo al blanco. ¡Son inocentes palomitas!, según la hija de aquella madre que supo que su hijo había muerto en el Campo Militar Número Uno.
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¡Ya dejen de inculpar a los agentes estadounidenses! Concedan a los hijos de Joaquín Guzmán Loera la inteligencia de la cual carecen los cuatroteros.
Siguiendo el ejemplo del vástago de “El Mayo” Zambada, ellos negociaron con el FBI la entrega del cofundador del Cártel de Sinaloa, socio y compadre de El Chapo, a cambio de beneficios para éste –que no han llegado, pese a la serie de misivas que ha enviado al juez Cogan--, y de que tras la extradición de Ovidio y la entrega de Joaquín Jr. la justicia estadounidense fuese benevolente con ellos.
Porque, en efecto, el llamado Vicentillo Zambada purgó una sentencia breve y desde hace tiempo ya está libre.
Lo mismo quieren los dos Chapitos ya en manos del gobierno de EU. Pero, todavía más, ya han recibido favores tales como el que una veintena de sus familiares gocen de la protección estadounidense en el territorio del Tío Sam.
Todo ello le pasó por alto al CNI entonces encabezado por Audomaro Martínez, entretenido como estaba de su negocio negro del huachicol fiscal, donde también se afirma que participaron otros altos mandos de la Defensa.
¡Más inteligentes que los cuatroteros!
¡Eso sí es seguro!
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Al dicharachero expresidente Vicente Fox lo pierde su boca, como cuando le dijo a Fidel Castro “comes y te vas”.
Pero lo lenguaraz también lo hizo ganar cuando se empecinó en la realización de un debate con Francisco Labastida, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, y los ya finados Manuel Camacho Solís, Gilberto Rincón Gallardo y Porfirio Muñoz Ledo: “¡Hoy, hoy, hoy!”, necio.
Las “lavadoras de dos patas” como calificó a las mujeres despertando críticas tanto del sector femenino como del masculino contrastaron con aplausos el de “tepocatas, víboras prietas y alimañas” en referencia a los políticos del sistema hasta entonces tradicional.
Obviamente no resolvió el conflicto chiapaneco “en 15 minutos”, pero ganó un sexenio en el poder.
El suyo, por supuesto, no es el verbo encarnado, a veces, incluso, es descarnado, pero ya encontró la forma de trascender durante un siglo al entregar en comodato por 100 años las instalaciones de su Centro Fox a la University of the Incarnate Word, que tiene su campus principal en la texana ciudad de San Antonio.
Esta Universidad del Verbo Encarnado fue fundada en las postrimerías del siglo XIX por las monjas de la congregación del mismo nombre y presume en ser pionera en brindar educación superior a las mujeres y ocupar los primeros lugares en la enseñanza a jóvenes de origen hispano, como llaman en Estados Unidos a los latinoamericanos residentes allá.
¿Harán el milagro las nuevas asociadas del Centro Fox de que el exmandatario ya no provoque polémicas cada vez que abre la boca, ahora que ya no tiene el poder presidencial en sus manos… y en su boca?
@AndySKBrown1