Chedraui, el falso resiliente

Chedraui, el falso resiliente

Las lluvias en Puebla capital no son una novedad, sino una maldición anual que los poblanos ya conocemos de memoria; calles convertidas en ríos, autos flotando como patos de hule, casas anegadas y miles de familias viendo cómo se les va el esfuerzo de años por el drenaje tapado y la inacción municipal. 

 

Pero esta vez el colmo tiene nombre y apellido: José Chedraui, el presidente municipal que supervisa la emergencia desde una pantalla de su oficina con aire acondicionado, mientras la ciudad se convierte otra vez en una versión tropical de Venecia, pero sin góndolas y mucha, pero mucha rabia. 

 

Pero, déjeme contarle la gran mentira que montó este personaje hace apenas un mes, durante el Smart City LATAM. El Ayuntamiento que “encabeza” Chedraui se pavoneó como si fuera alcalde de Singapur, organizó un panel pomposo titulado “Puebla Resiliente: Atlas de Riesgos, Alertamiento y Planes de Resiliencia”. 

 

Ahí, habló como urraca parlanchina de prevención, tecnología, anticipación y no sé cuántas zarandajas más; habló de una ciudad preparada, moderna, lista para enfrentar el cambio climático. ¡Hágame usted el favor!

 

De risa, qué bonito se oye en un auditorio con ponentes bien peinados y slides en PowerPoint, pero qué insultante se ve cuando las mismas calles que supuestamente estaban “atlasadas” vuelven a tragarse autos y esperanzas. 

 

¿Resiliente? Hágame usted el refavrón cabor, la única cosa resiliente aquí es la actitud de los ciudadanos ante un gobierno municipal dirigido por un inepto, porque mientras presume paneles y futurismo urbano, desde enero de 2025 la cuenta oficial en redes sociales de Protección Civil del Ayuntamiento está fuera de servicio. 

 

 

Esa cuenta está congelada como el cerebro de quien pensó que era buena idea dejar sin uno de los principales canales de alertamiento a una población que justamente necesita información oportuna cuando caen trombas. 

 

Ni un tuit ni una alerta ni un “cuidado, viene el agua”. Silencio digital absoluto. Excelente estrategia de comunicación para un equipo que, al parecer, solo sabe tuitear cuando hay que cortar listones o presumir nimios logros. Pero qué se puede esperar con un alcalde obnubilado y una oficina de Comunicación Social dirigida por un boletinero con las seseras tapadas.

 

Chedraui sale en videos, repartiendo chequecitos a damnificados y pidiendo “precauciones”. Qué generoso. Primero deja que la ciudad se inunde por negligencia acumulada, drenaje sucio, mantenimiento ausente, obras que más parecen parches electoreros que soluciones reales (lo clásico en una autoridad municipal incompetente y obtusa), y luego posa como salvador repartiendo limosna. 

 

El clásico truco: crear el problema y venderse como la solución; mientras tanto, la gente común paga la factura. Familias enteras viendo cómo el agua se lleva sus pertenencias y sufriendo una impotencia por tener un alcalde de Cuarta, que ni los ve ni los oye.

 

Porque si el “Atlas de Riesgos” existe, debe estar guardado en el mismo cajón donde guardan la cuenta de X de Protección Civil: en el cajón de la indolencia, el valemadrismo y la pen… dejémolso así.

 

Chedraui representa la caricatura de la peor versión de la política mexicana, la del payaso que se cree chistoso, pero cae mal. El que organiza congresos internacionales para hablar de resiliencia mientras su ciudad se ahoga por la misma incompetencia de siempre. 

 

El que promete tecnología y entrega silencio, el que ve llover desde la pantalla de 70 pulgadas y piensa que con una foto en redes ya cumplió y resolvió todo.

 

Puebla necesita drenajes que funcionen, mantenimiento real, alertamiento que no esté congelado y, sobre todo, un alcalde que deje de mirar la emergencia desde la comodidad de su oficina y empiece a sentirla en carne propia. 

 

Porque mientras Chedraui siga presumiendo falsa resiliencia, la capital seguirá siendo, lluvia tras lluvia, la misma ciudad frágil, improvisada y abandonada. Y los poblanos, una vez más, pagando la factura de tanta torpeza e indiferencia.