El estigma de la salud mental

El estigma de la salud mental

Aunque hoy en día el concepto de la salud mental y su atención se ha socializado de manera importante, aún se encuentra rodeado de estereotipos que llevan a la discriminación, la minimización o incluso el rechazo de quienes atraviesan por una complicación o trastorno de este tipo. En este contexto, cuando pareciera que en la sociedad pudiera hablarse abiertamente de algún problema o afección de tipo neurológico o mental, en el entorno seguimos conociendo de hechos tan tristes y lamentables como el del joven policía que después de grabar un video donde expresaba su sentir en ese momento y recomendaba a la población atender cualquier problema de este tipo, decidió saltar de un puente y quitarse la vida.

 

Para la American Psychiatric Association, el estigma asociado a las enfermedades—especialmente a los trastornos mentales y neurológicos—es el rechazo y la discriminación basados en prejuicios sociales. Este fenómeno agrava el aislamiento, retrasa la búsqueda de ayuda y frena la recuperación de los pacientes, por ello es importante darle la atención que requiere este tipo de condición, buscar ayuda y seguir el tratamiento que corresponda: psiquiátrico y psicológico.

 

Sin embargo, este trágico suceso del joven Orlando de tan solo 27 años de edad, nos demuestra que, detrás de una apariencia de fortaleza o de un mensaje de aliento para otros, puede esconderse un dolor silencioso y devastador. Con frecuencia, el miedo a ser juzgados como "débiles" o "incapaces" obliga a las personas a usar una máscara de bienestar, librando batallas internas insoportables en absoluta soledad. Debemos entender de una vez por todas que experimentar ansiedad, depresión o ideación suicida no es una elección ni una falla de carácter, sino una realidad de salud que merece el mismo respeto y atención que cualquier dolencia física.

 

Es precisamente ese el trabajo que debemos hacer todos como sociedad: terminar con el estigma de la salud mental.

 

Uno de los mayores obstáculos para derribar este muro es la tendencia social a minimizar el sufrimiento ajeno con frases bienintencionadas pero dañinas como "échale ganas" o "tienes todo para ser feliz". Estas expresiones, lejos de ayudar, invalidan la experiencia de quien sufre y aumentan su culpa. La salud mental no se resuelve únicamente con fuerza de voluntad; requiere de un entorno que valide el dolor, que escuche sin juzgar y que entienda que pedir ayuda profesional es, en realidad, un acto de inmenso coraje y madurez.

 

Quienes alguna vez hemos atravesado por periodos de depresión, ansiedad o cualquier otro episodio que nos roba la calma y la paz, sabemos que no depende de nuestra voluntad sentirnos así y muchas veces permanecemos atrapados por días interminables en esa situación.

 

Para cambiar esta realidad, el primer paso empieza en nuestro círculo más cercano. No necesitamos ser expertos en psicología para salvar una vida; a veces, basta con estar presentes de manera genuina. Preguntar a un amigo, familiar o compañero de trabajo "¿cómo estás realmente?" y sostener la mirada para escuchar la respuesta sin interrumpir, sin dar consejos rápidos y sin juzgar, puede abrir la puerta de salida al aislamiento en el que muchas personas se encuentran atrapadas.

 

Si hoy eres tú quien se encuentra en ese espacio oscuro, donde la ansiedad o la tristeza nublan el panorama, quiero recordarte que tu dolor es real, pero no es permanente. No tienes que cargar con todo ese peso sobre tus hombros ni tienes que resolverlo a solas. Permitirte levantar la mano y decir "no puedo con esto" no te hace menos valioso o valiosa ni menos fuerte; al contrario, es el primer peldaño para recuperar el control de tu vida y comenzar a sanar.

 

La salud mental es una responsabilidad compartida que no puede esperar a la siguiente tragedia para ser tomada en serio. Es momento de actuar: hablemos abiertamente del tema en nuestras casas y espacios de trabajo, facilitemos el acceso a la ayuda profesional y dejemos de señalar a quien decide cuidar de sí mismo. Tu empatía puede ser el salvavidas de alguien hoy; no juzguemos y, sobre todo, no dejemos a nadie solo en la tormenta.

 

Sentirse abrumado, triste o ansioso no es una elección, ni una muestra de debilidad; es una respuesta humana ante situaciones que a veces superan nuestras fuerzas. Si te encuentras en un momento difícil, es fundamental que recuerdes que tu dolor es válido y que no tienes que transitar este camino en completa soledad.

 

Afortunadamente, el camino hacia la sanación cuenta con redes de apoyo institucionales y comunitarias listas para recibirte aquí en Puebla. Si necesitas atención especializada para niñas, niños o adolescentes, el Sistema Estatal DIF ofrece alternativas a través del Centro Poblano de Salud Mental Integral (CEPOSAMI), con el que te puedes comunicar al teléfono 222 236 2717 para recibir orientación y una valoración inicial.

 

De igual manera, si buscas un espacio que combine el soporte profesional con la contención humana y espiritual, la Iglesia Católica en Puebla pone a disposición la Línea de Oración y Escucha de Cáritas al número 222 264 3566, así como el acompañamiento psicológico de la Casa de la Familia San Juan Pablo II de la Arquidiócesis en los teléfonos 222 232 1744 y 222 244 7155. A nivel nacional, la Línea de la Vida (800 911 2000) ofrece atención en crisis las 24 horas del día de manera gratuita.

 

Recuerda que no hay problema demasiado pequeño ni dolor que debas cargar a solas; la ayuda está a una sola llamada de distancia.

 

¡Vamos a hacerlo diferente!