La FIFA, el organismo que gobierna al futbol mundial, ha vivido en las últimas décadas una crisis permanente de credibilidad, desde la caída de Joseph “Sepp” Blatter hasta la gestión de Gianni Infantino, la institución ha sido señalada por actos de corrupción, opacidad, concentración de poder y vínculos con intereses políticos y económicos internacionales.
En México, personajes como Rubén Rocha Moya, Adán Augusto López, funcionarios relacionados con el “huachicol fiscal” o Marina del Pilar Ávila palidecen al lado de estos personajes de la FIFA, de sus escándalos y cinismo, pues involucran millones de dólares, gobiernos, empresas y dirigentes deportivos de distintos continentes.
Blatter y la FIFA convertida en una maquinaria de favores
Joseph Blatter dirigió la FIFA durante 17 años, de 1998 a 2015, periodo en el que el organismo acumuló un enorme poder económico, pero también quedó marcado por el mayor escándalo de corrupción en la historia del futbol.
El llamado FIFAgate, destapado en 2015 por autoridades de Estados Unidos y Suiza, reveló una red de sobornos, lavado de dinero y pagos ilegales relacionados con derechos de televisión, marketing deportivo y decisiones internas de la organización.
Entre los casos más polémicos estuvieron los pagos millonarios a dirigentes de confederaciones como la Concacaf y la Conmebol, así como las investigaciones sobre la asignación de sedes mundialistas, particularmente Rusia 2018 y Qatar 2022.
Uno de los episodios que terminó por hundir su administración fue el pago de aproximadamente 2 millones de francos suizos a Michel Platini, entonces presidente de la UEFA, por supuestos trabajos de asesoría hechos años atrás. El acuerdo verbal entre ambos fue considerado irregular por los órganos de ética de la FIFA y provocó sanciones que prácticamente terminaron con sus carreras dirigenciales.
Aunque Blatter fue absuelto posteriormente en procesos penales relacionados con ese pago, su imagen quedó ligada al periodo más oscuro de la FIFA: una estructura basada en favores, enjuagues políticos y manejo poco transparente de miles de millones de dólares.
Infantino: el reformador que terminó concentrando poder y corrupción
Gianni Infantino llegó a la presidencia de la FIFA en 2016 con la promesa de limpiar la organización después del escándalo de Blatter, su discurso fue el de un renovador que devolvería transparencia y credibilidad al máximo organismo del futbol.
Sin embargo, con el paso de los años también acumuló críticas, sus detractores aseguran que cambió la imagen de la FIFA, pero no necesariamente la forma en que concentra poder.
Durante su gestión se impulsó la expansión de torneos, como el nuevo Mundial de Clubes, y aumentaron los ingresos comerciales, pero también surgieron cuestionamientos por la cercanía de la FIFA con gobiernos señalados por violaciones a derechos humanos.
La elección de Qatar 2022, con las críticas internacionales por las condiciones laborales de trabajadores migrantes, y la asignación del Mundial 2034 a Arabia Saudita generaron acusaciones de “sportswashing”, es decir, utilizar el deporte para mejorar la imagen internacional de gobiernos cuestionados.
Infantino también fue criticado por sus reuniones privadas con autoridades suizas durante investigaciones relacionadas con la corrupción en la FIFA, así como por su cercanía con líderes políticos como Donald Trump.
Además, Michel Platini presentó acusaciones en su contra, señalando que su caída habría facilitado la llegada de Infantino a la presidencia de la FIFA. Estas acusaciones han sido negadas por el dirigente suizo.
¿Quién fue más cínico: Blatter o Infantino?
La comparación entre ambos dirigentes enfrenta dos estilos distintos de ejercer el poder.
Blatter representa la vieja FIFA, una organización acusada de operar mediante sobornos directos, intercambios de favores y una red de dirigentes que controlaban decisiones clave a cambio de beneficios económicos.
Su legado quedó marcado por el FIFAgate y por haber permitido que la FIFA funcionara durante años como una estructura con pocos controles externos.
Infantino representa una etapa más moderna y política, con una FIFA más rentable y global, pero también con críticas por la concentración de decisiones, la cercanía con gobiernos poderosos y la falta de transparencia en algunos procesos.
Para sus críticos, el mayor problema de Infantino es el contraste entre su discurso inicial de renovación y una gestión que, aseguran, terminó reproduciendo prácticas de control similares a las del pasado. En el Mundial 2026, han recaído sobre Infantino infinidad de sospechas de arreglar partidos y “convencer” a árbitros para decantarse por determinado equipo o jugador.
En términos de corrupción comprobada, la era de Blatter está asociada al mayor escándalo financiero de la historia de la FIFA. En términos de cinismo político, algunos consideran que Infantino resulta más cuestionable porque llegó como el candidato de la limpieza y terminó siendo acusado de fortalecer un modelo de poder personalista.