Chedraui, simulación y oportunismo

Chedraui, simulación y oportunismo

José Chedraui Budib ya tiene su trofeo (comprado). El Premio a las Mejores Prácticas de Gobiernos Locales 2026 en la categoría de Transparencia Proactiva, entregado en los reconocimientos de Alcaldes de México, le cayó como anillo al dedo. 

 

Un galardón que se suma a las constantes menciones de “aprobaciones” en encuestas (compradas) y a la narrativa oficial de la “capital imparable”, pero la pregunta que muchos se hacen en las calles y no en los salones de premios, es cuánto de eso refleja la realidad cotidiana de Puebla y cuánto es marketing bien ensayado, imagen pulida y discurso de autocomplacencia.

 

Y es que mientras celebra “distinciones”, el alcalde pone la mira en la Avenida Juárez, esa vialidad que criticó con dureza cuando la ciudad sí era gobernada por otros. Recordemos: Chedraui no se cansó de señalar las obras hechas con Eduardo Rivera y Adán Domínguez; exigió fianzas, responsabilidades y que las empresas respondieran. 

 

Ahora, el muy fresco anuncia que va a destinar recursos para “embellecerla” (La Juárez); el discurso cambia según quién ostente la chequera: cuando era oposición o recién llegado, era un escándalo de mala calidad. Hoy, con él en el poder, se vuelve oportunidad de obra visible, de foto y de corte de listón -¿también de negocio?. Esa voltereta no es pragmatismo: es oportunismo puro.

 

El contraste es brutal y vergonzoso, pues mientras se discute o se planea invertir en una avenida que no necesita “embellecerse” porque lo tiene todo, en las colonias populares y en muchas no tan populares las calles están hechas pedazos.

 

Baches que se convierten en cráteres con cada temporada de lluvias, banquetas inexistentes, alumbrado deficiente y drenajes tapados

 

El programa “Calles al 100”, el bacheo permanente y las jornadas de atención son reales sólo en los boletines y en los videos oficiales; en la práctica, vecinos de decenas de colonias reportan que la atención llega tarde, incompleta, de mala gana o simplemente no llega. 

 

Hay quien tiene que bachear por su cuenta porque el municipio no aparece, esa es la verdadera realidad del gobierno municipal, del (des)gobierno de Chedraui: no los reconocimientos de revista, sino las llantas reventadas y los charcos permanentes en las zonas donde vive la mayoría.

 

Y qué decir de las juntas auxiliares: son el caso más claro y doloroso del olvido selectivo; más de un millón de habitantes viven en esas demarcaciones y durante la campaña “el hoy alcalde imparable” prometió dignificarlas, regresarles atención prioritaria y servicios básicos. 

 

Ya en el cargo, las críticas de abandono se han multiplicado: falta de obra pública estructural, servicios deficientes, inseguridad al tope y la sensación de que el centro y las zonas de vitrina concentran el presupuesto y la presunción.

 

El Gobierno Estatal ha tenido que intervenir en vialidades porque el municipio no prioriza, eso no es coordinación virtuosa; es síntoma de que el ayuntamiento deja vacíos y luego se lava las manos. 

 

Prometer ser “el presidente de las juntas auxiliares” y luego relegarlas al olvido no es un error de cálculo, sino un presidente municipal traicionero.

 

Chedraui llegó criticando el abandono heredado y prometiendo orden, transparencia y cercanía; pero gobernar no es solo tapar dos o tres baches con asfalto en frío mientras se reciben reconocimiento$, tampoco es cambiar de opinión sobre la misma obra según si la hizo el anterior o la va a hacer el actual. 

 

La transparencia proactiva que tanto premian debería empezar por mostrar con honestidad dónde se gasta realmente el dinero y por qué ciertas zonas siempre quedan al final de la fila. Hay algo especialmente irritante en esta forma de gobernar: la obsesión por la apariencia

 

Premios, encuestas favorables, jornadas mediáticas y obras en puntos estratégicos construyen una narrativa de éxito, mientras tanto, miles de familias en colonias y juntas auxiliares viven el día a día con calles intransitables, inundaciones recurrentes y la certeza de que su voz pesa menos que una foto en la Juárez. 

 

Ese desequilibrio no es casual, es una decisión política que privilegia lo visible sobre lo necesario, lo mediático sobre lo justo. El alcalde que cultivó con esmero su premio de transparencia y buenas prácticas debería empezar por transparentar prioridades reales.

 

¿Cuánto se va realmente a las juntas auxiliares y a las colonias que no salen en las fotos oficiales? ¿Por qué ahora sí conviene meterle dinero a la Juárez después de haberla descalificado con tanto énfasis? ¿Hasta cuándo las zonas populares seguirán esperando lo básico mientras el discurso habla de capital imparable? 

 

Cada peso destinado a embellecer lo que ya es vitrina, mientras otras áreas se caen a pedazos, es un peso que evidencia prioridades distorsionadas.

 

Que no se le olvide que las colonias que se caen a pedazos y las juntas auxiliares olvidadas también son Puebla, y que los premios no tapan baches, no construyen confianza y no ocultan la distancia creciente entre el discurso oficial y la realidad que pisan miles de ciudadanos todos los días.