EU después del 11-S: de la posición dominante al desgaste de su hegemonía

EU después del 11-S: de la posición dominante al desgaste de su hegemonía

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron en pocas horas la percepción de seguridad estadounidense y alteraron prioridades estratégicas durante décadas. A 25 años de aquella jornada, el aniversario permite observar cuánto se transformó también la posición de Estados Unidos dentro del sistema internacional. Desde entonces, guerras, crisis financieras y nuevos competidores acompañaron el paso desde una etapa de amplio predominio estadounidense hacia otra mucho más disputada.

 

Tras los atentados, Estados Unidos inició en octubre de 2001 la invasión de Afganistán contra Al Qaeda y el régimen talibán que la albergaba. Dos años después, Estados Unidos encabezó la invasión de Irak, presentada alrededor de acusaciones sobre armas de destrucción masiva que luego no fueron encontradas. Dicha guerra amplió el costo político de la respuesta al terrorismo y alimentó cuestionamientos sobre las decisiones estratégicas tomadas desde Washington.

 

De la respuesta militar al desgaste de influencia


 

Francisco Corigliano, doctor en historia de la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad de San Andrés, explicó en una entrevista exclusiva a NotiPress que esos procesos deben leerse como una secuencia acumulativa. "Creo que el 11-S, la guerra de Irak y la crisis del 2008-9 son un trípode de eventos que marcaron el fin del momento unipolar estadounidense y el desgaste de su hegemonía."

 

La crisis financiera de 2008 agregó una dimensión económica al deterioro de la imagen estadounidense, porque golpeó un modelo considerado referente durante años. Al mismo tiempo, China amplió su peso económico y estratégico, mientras Rusia recuperó capacidad militar y presencia internacional durante las décadas siguientes. Ese cambio no eliminó el poder estadounidense, pero volvió más difícil sostener una posición dominante sin enfrentar resistencias o alternativas relevantes.

 

El deterioro también alcanzó relaciones que habían sido centrales para Washington, especialmente dentro de Medio Oriente después de los atentados y las guerras posteriores. Corigliano sostuvo que Estados Unidos perdió capital blando en el mundo árabe, mientras la relación con Arabia Saudita atravesó tensiones y posteriores intentos de recomposición. Ese vínculo había descansado durante décadas en acuerdos de seguridad y acceso energético, pero comenzó a desenvolverse dentro de un marco regional más autónomo.

 

 

Un aniversario dentro de un mundo más competitivo

 

A 25 años del 11-S, la competencia entre potencias ocupa un lugar mucho mayor en las prioridades de seguridad que durante los primeros años posteriores. China y Rusia aparecen hoy como desafíos estratégicos centrales, mientras las tensiones con Irán también afectan rutas comerciales, energía y cálculos de seguridad regional. El resultado es un escenario donde Washington conserva capacidades excepcionales, aunque debe negociar influencia frente a actores con mayor margen para disputar decisiones globales.

 

El aniversario también permite revisar cómo la respuesta al terrorismo modificó alianzas, prioridades militares y percepciones sobre el alcance del poder estadounidense. Estados Unidos continúa siendo una potencia decisiva, pero su capacidad de ordenar el escenario global enfrenta hoy límites más visibles que al comenzar el siglo. En ese contexto, el 11-S permanece como una referencia histórica para entender el inicio de una etapa marcada por guerras prolongadas y competencia creciente.

 

Con el paso de los años, los atentados quedaron ligados a una transformación que continuó incluso después de la muerte de Osama bin Laden. También dejaron una discusión abierta sobre cómo las decisiones adoptadas después de una crisis pueden modificar durante décadas la posición internacional de una potencia.

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