El fin de semana más triste de Chedraui

El fin de semana más triste de Chedraui

Foto: Imagen Poblana / IA

José Chedraui quería un fin de semana de espaldarazos, pero le salió un fin de semana de espejo; si en dos años de gobierno este fue el más triste, es porque los otros los pasó sin mirar la ciudad. Este, al menos, lo miró a él.

 

Empecemos, el miércoles 14, un día antes del templete, su Cabildo le aprobó lo que Tesorería no se atreve a llamar por su nombre: un predialazo. Actualización catastral para 2027, 7 % para el 89 % de las cuentas y hasta 20 % en zonas de plusvalía. 

 

En colonias como la 6 de Junio, Acocota y la 16 de Septiembre Sur, el ajuste reportado supera ese 20. Quince votos a favor, cinco en contra y dos abstenciones. 

 

El discurso oficial dice que no hay impuestos nuevos, el recibo dirá otra cosa: el mismo predial, sobre un valor inflado, y no es que la caja esté vacía por austeridad, en este segundo año la recaudación del predial ya anda en 987 millones de pesos. No les bastó, les urgía cobrar más justo la víspera de presumir.

 

Ahí tomó la palabra la regidora Shirley Ponce, la misma a la que en agosto la Comisión Estatal de Derechos Humanos metió al programa Mujeres Seguras después de denunciar censura y malos modos en el pleno. 

 

Dijo lo que el informe del día siguiente no iba a decir: que el aumento no se justifica y que el segundo año es un desastre; el alcalde hizo lo que hace cuando el argumento no le alcanza, se levantó y la dejó hablando sola. No es un exabrupto, es el método de un alcalde con escaso intelecto.

 

El 19 de agosto ya le había cerrado la réplica con un “ya se acabó”; el que no sabe responder, se va, el patán no se mide en el grito, se mide en la silla vacía.

 

El jueves, en Palacio Municipal, creyó que la visita de Alejandro Armenta era la foto de la reelección, pero fue la foto del invitado que se queda con el micrófono. 

 

Hubo felicitación, sí, de esas que se dan por conmiseración: “Pepe, compartir esta responsabilidad de servir es fundamental… tenemos muchos retos por delante", y enseguida el gobernador pasó lista de la capital como obra suya. 

 

En 2024, de 53,000 calles, el 80 % estaba destruido, habló de 5,000 rehabilitadas el año pasado y 13,000 en este 2026; anunció que la obra comunitaria, que pone por encima de los 400 millones, pasará de 600 en 2027. 

 

El aplauso, cuando lo hubo, no fue para el veintiúnico trofeo que el alcalde traía ensayado: los 4,000 millones de Grupo Carso en el Paseo de San Francisco; la obra de Slim, la que todavía no tiene primera piedra, porque sigue sujeta al INAH y a la norma de la UNESCO. Anuncio no es obra, permiso no es ciudad y empleo prometido no es empleo.

 

Chedraui habló 44 minutos y mencionó al gobernador siete veces; el que necesita decir “coordinación” tantas veces es el que ya la perdió, cerró pidiendo continuidad; continuidad es la palabra de quien ya vio, que Armenta no fue a ungirlo, fue a recordar quién manda el relato y a ponerlo en su lugar.

 

Pero el fin de semana cerró donde no se lee el informe; el miércoles, alrededor de las 4:20 de la mañana, en la calle 17 de Abril de la colonia San Antonio Abad, al norte de la ciudad, cinco sujetos desmontaron dos zaguanes, los subieron a una camioneta y desaparecieron. 

 

Les bastaron diez minutos; cámara de por medio y ni una patrulla que les estorbara la maniobra.

 

El viernes por la noche, en Santa Lucía, al sur, dos encapuchados en motocicleta asaltaron una estética a punta de pistola: el dinero de la caja y el celular de una clienta. 

 

En el informe, Chedraui contó 144 policías de proximidad, 9 % de aumento salarial y 28 % más operativos; presupuesto municipal de 7,470 millones; 1,617 de ellos, dijo, a seguridad. 

 

Pero la ciudad contestó con una puerta cargada en una batea, y es que cuando se llevan el zaguán completo, a plena cámara y en diez minutos, ya no hay metáfora que administrar. La autoridad no llega tarde, simplemente le vale.

 

A esto le llaman, en los promocionales, el futuro. El futuro que se le ofreció a Puebla esta semana tiene tres piezas: un predial más caro, un informe que le leyó el gobernador y una calle donde ya no hace falta forzar la chapa.

 

Pobre diablo, el espejo no miente, aunque se levante antes de que terminen de hablarle. Pobrecito, fue el fin de semana más triste del alcalde, si es que alguna vez ha tenido uno medianamente feliz. Y a todo esto, qué dirá su mofletudo boletinero: nada, porque ha servido para maldita la cosa.

 

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