Una visita a un velatorio terminó por delatar a uno de los criminales más temidos de Argentina, cuando apenas tenía 16 años. Cayetano Santos Godino había acudido a despedir a un niño de tres años que él mismo había asesinado horas antes.
Conocido como el Petiso Orejudo por su baja estatura y sus prominentes orejas, nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1896. Este sábado 31 de octubre de 2026 se cumplen 130 años de su nacimiento, una fecha que revive uno de los episodios más estremecedores de la historia criminal argentina.
Su infancia transcurrió en un hogar de inmigrantes italianos, marcado por la violencia familiar, los problemas de salud y las dificultades escolares. Su padre lo golpeaba frecuentemente y llegó a denunciarlo ante la policía por su comportamiento agresivo hacia vecinos y animales.
De los primeros ataques a cuatro asesinatos
El 28 de septiembre de 1904, cuando tenía siete años, Godino engañó a Miguel Depaola, de dos, y lo llevó hasta un terreno abandonado. Allí lo golpeó y arrojó sobre unas espinas, hasta que un policía intervino y evitó que continuara la agresión.
Meses después atacó a Ana Neri, una niña de 18 meses, a quien golpeó repetidamente con una piedra en la cabeza. Nuevamente fue descubierto por un agente, aunque su corta edad permitió que regresara a su casa la misma noche.
Su primer asesinato conocido ocurrió el 29 de marzo de 1906, cuando tenía nueve años y llevó a María Rosa Face hasta un terreno baldío. Según su posterior confesión, intentó estrangular a la niña de tres años y después la enterró viva en una zanja.
En 1908 protagonizó nuevas agresiones, incluido un intento de ahogamiento y un ataque contra un bebé al cual le quemó un párpado. Ese mismo año fue enviado a una institución para menores, donde permaneció aproximadamente tres años antes de recuperar la libertad.
Los asesinatos de Arturo Laurora y Reyna Bonita Vainicoff marcaron una escalada de violencia durante 1912, acompañada de nuevos intentos de homicidio. También provocó siete incendios intencionales, mientras las autoridades todavía no conseguían relacionar todos los episodios con un mismo responsable.
Una captura inesperada y una muerte rodeada de misterio
El 3 de diciembre de 1912 asesinó a Jesualdo Giordano, de tres años, después de engañarlo con la promesa de comprarle caramelos. Aquella noche acudió al velatorio del pequeño, donde su comportamiento despertó las sospechas del padre, quien lo había visto cerca del lugar del crimen.
Fue detenido al día siguiente y posteriormente sometido a evaluaciones psiquiátricas que reflejaban las teorías criminológicas predominantes a comienzos del siglo XX. Tras distintas resoluciones judiciales, permaneció recluido hasta su traslado en 1923 al presidio de Ushuaia, conocido como la cárcel del fin del mundo.
Allí murió el 11 de noviembre de 1944, a los 48 años, después de sufrir una hemorragia interna atribuida oficialmente a una úlcera gastrointestinal. Sin embargo, también circuló la versión de que había recibido una brutal golpiza de otros presos tras matar a un gato.
Su muerte cerró una vida marcada por cuatro asesinatos atribuidos y numerosos ataques, pero no terminó con la notoriedad de su nombre. Décadas después, el Petiso Orejudo permanece como una figura emblemática y perturbadora de la historia criminal de Argentina.