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A golpes de razón

Una alcaldesa más fuerte en las horas más cruciales

Miguel Ángel Cordero Álvarez

Atrás quedó la Claudia Rivera Vivanco dubitativa. Hoy, a año y medio de ejercer el poder y de enfrentar uno de los periodos más complicados de la historia moderna de Puebla, la alcaldesa se presenta más fuerte.

 

La presidenta sabe hoy el poder que representa la capital del estado. También sabe que hay una autonomía municipal que la respalda legalmente y que, a pesar de la mala percepción, ha obtenido resultados claros en materia de seguridad.

 

Si el ejercicio del poder es la Universidad de la política, Claudia Rivera está a punto de graduarse aunque uno de sus sinodales no la aprecie.

 

El gobernador Miguel Barbosa tiene diferencias con ella que, a la luz de lo público, parecen insalvables.

 

Pero también este rompimiento ocurre en el momento de mayor madurez política de Claudia.

 

¿Qué habría pasado si la presidenta cedía en todo con la administración estatal?

 

Tal vez se habría mantenido con alfileres dicha relación, pero al interior del municipio habría perdido fuerza, porque entonces el verdadero gobernante de Puebla capital sería el mandatario estatal.

 

Los vacíos de poder se ocupan, afirma el propio Andrés Manuel López Obrador.

 

Entonces, la ruptura con el gobernador ha sido calculada por la presidenta.

 

En la entrevista que este lunes le hicimos en Imagen Poblana la vemos más echada para adelante, más segura.

 

Definitivamente, lo que ella considera una “desafortunada” situación con la administración estatal es un tema de prioridad en la agenda de su gobierno.

 

Mas todo luce como una evaluación en la que se utilizó una balanza: ¿qué es más importante, mantener la gobernabilidad del municipio a costa de romper con el gobierno estatal o entregar la autonomía municipal al Estado a costa de perder la gobernabilidad y el poder de toma de decisiones en la ciudad?

 

Rivera Vivanco eligió y con ello se graduó de la Universidad de la Política.

 

Pero es una graduación de lágrimas.

 

Prácticamente todos los alcaldes de los últimos 20 años han tenido desencuentros con el Gobierno del Estado.

 

La de este trienio parece la confrontación más dura, por encima de la que tuvieron con sus correspondientes mandatarios: Luis Paredes, Enrique Doger, Blanca Alcalá y Eduardo Rivera.

 

Claudia eligió este conflicto para preservar su autonomía y ejercicio de poder como gobernante de la capital.

 

No podía elegir las dos situaciones: quedar bien con el Estado y mantener al mismo tiempo su autonomía.

 

Era una u otra.

 

Y esas son las elecciones del poder.

 

Esas son las decisiones de los que gobiernan, las que no cualquier persona puede elegir.

 

Para la carrera política de Claudia Rivera esta situación queda como el punto de inflexión que además ocurre en medio de las dos crisis más graves del año: la económica y sanitaria por la pandemia del COVID-19.

 

Para enfrentar estos temas, en las horas más cruciales, se requiere gobernabilidad.

 

Y esa era la decisión que Claudia tomó: mantenerse fuerte como titular de la autoridad municipal.

 

Si esto no es graduarse con sangre de la Universidad de la Política, no sé qué lo será.

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